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Un viaje de mil millas empieza por el primer paso (Lao-tsé)

                                                                             



A menudo nos agobiamos cuando tenemos que emprender el camino hacia nuestra meta u objetivo. Lo vemos lejos, prácticamente inalcanzable. Hay que dar muchos pasos para llegar hasta ahí. Eso requiere esfuerzo, sacrificio, constancia, dedicación, perseverancia, incertidumbre… y tiempo, sobre todo tiempo. Aquello que anhelamos lo queremos para ya mismo. Ese incontrolable deseo de alcanzar nuestra meta nos hace volvernos impacientes, ansiosos e irracionales.

No me malinterpretes, es del todo comprensible que desees lograr cuanto antes tu propósito, disfrutar de ello y experimentar esas sensación tan reconfortante que se siente al obtener algo por medio de mucho esfuerzo, ilusión y sacrificio. Ese momento en el que eres feliz, como si de un premio de lotería se tratase, pero aún más gratificante a nivel emocional, porque sabes que te lo mereces y que has trabajado duro para conseguirlo. De hecho, no es productivo que no sientas ese deseo, esas ansias de lograrlo, porque es con esa energía con la que lo conseguirás.

No se llega a la meta con una actitud apática y conformista. Lo único que debes hacer es canalizar toda esa energía y enfocarte en tu meta, y en cuáles son los pasos a seguir para llegar hasta ella.
Un viaje de mil millas empieza con el primer paso, y después vine otro, y otro, y después otro más. ¿Sabes ya por dónde tienes que ir? ¿Sabes dónde apoyar tu pie en el próximo paso? ¿No? Pues primero averígualo. Si lo sabes ¡ve a por ello! Estarás un paso más cerca llegar a la meta.

¿Lo ves muy lejos? Siempre estará igual de lejos si no comienzas ya.

Pero te comprendo. Para perder esos kilitos de más, tardarás meses; para escribir tu libro tardarás mucho más; para finalizar con éxito la carrera en la Universidad, años; para ponerte tan grande cono Arnold Schwarzenegger, ¡mucho más!

¡Uff!, se cansa uno solo de pensarlo, ¿verdad?

Voy a contarte un pequeño secreto, pero no se lo digas a nadie, ¿vale?

El tiempo pasará de todos modos

Así es. En medio de tanto agobio y miedo por comenzar se te había pasado por alto, ¿a que sí? No te preocupes, esta, como muchas otras, son pensamientos que están ahí, que todos sabemos, pero que no tenemos en cuenta. Para eso estoy yo, para recordártelo todo y mostrarte el camino.

Y es que el tiempo correrá pase lo que pase. Al tiempo le va a dar igual que tu empieces a estudiar o no, el seguirá su camino, segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora…

Puedes elegir empezar a conseguir tu objetivo o no hacerlo, pero el tiempo pasará de todos modos. ¿Cuánto tiempo dura la carrera que quieres estudiar en la Universidad?, ¿cuatro años?
 – Sí, cuatro “añazos”, es muchísimo tiempo, no puedo esperar tanto… —dirás tú.

Pues piensa una cosa: los cuatro años pasarán de todos modos, estudies o no. ¿Sabes cuál es la diferencia? Dentro de cuatro años puedes tener tu carrera o no tenerla, y estar exactamente igual a como estás.

¿Quieres perder peso? Lo mismo digo. ¿Cuántas veces dijiste “tendría que…”, “voy a…”, y al final no has hecho nada? ¿Cuántas veces has pensado que si hubieras comenzado con aquello que te propusiste ya habrías logrado tu objetivo? Solo había que dar el primer paso.



A veces, un paso en la dirección correcta puede terminar siendo el paso más grande de tu vida.


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Un excursionista muy peculiar, al que le faltaba su pierna izquierda, la cual había perdido años atrás en un accidente de coche, decidió subir hasta la cima de, nada más y nada menos, que el monte Everest.

Preparó todo lo necesario para su aventura, se mentalizó en ello y, rechazando toda ayuda y acompañamiento posible, se dispuso a coronar aquella majestuosa cima.

Nadie creía que pudiera conseguirlo, algunos no podían dejar de lado su preocupación, pero aquel hombre llegó hasta arriba.

¡Sí! ¡Lo logró!

Podrás imaginar, querido lector, el revuelo mediático que se formó. Todas las cadenas televisión, de radio y todos los periódicos se peleaban por conseguir entrevistarle.

En una rueda de prensa, una periodista le preguntó:
-          Disculpe la pregunta pero, teniendo en cuenta que a usted le falta una pierna, ¿cómo hizo para llegar a la cima?

A lo que el protagonista de tal increíble hazaña respondió:
-          Paso a paso, llegué paso a paso.

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Y así es como se consigue todo, yendo paso a paso. Pero para ello siempre hay que dar el primero, el restó vendrá después.

Toma la decisión, no mires tan lejos y disfruta del camino, cada cosa que hagas en relación a tu meta te acercará más a ella. Después de un paso viene otro, y luego otro más. Enfocarte en eso pasos, dando el 100% de ti en cada uno de ellos, te hará más llevadero el camino. Son pequeñas metas que irás alcanzando, pequeños granitos de arena que al final formarán una montaña.  Si los ves como logros, por pequeños que sean, te llenarás de motivación.

Si decides empezar una carrera universitaria, no pienses en ella como un todo, enfócate en cada curso como un objetivo a alcanzar. Después vendrá otro curso y cuando lo superes otro más. Divide esa meta, que es el curso, en pequeñas metas, que pueden ser los exámenes y trabajos que tengas que realizar. Más aún, cada tema de cada materia puede ser un reto, un objetivo a alcanzar. La satisfacción que experimentarás al sentir que has logrado tu objetivo, al aprenderte un tema, te motivará a seguir y le dirá a tu subconsciente que vas por el buen camino, que lo estás haciendo bien, que lo lograrás. ¡Ve a por el siguiente!

Si te has propuesto perder peso, tus micrometas pueden ser cada uno de los días que superes exitosamente la dieta, o cada pequeño porcentaje de grasa corporal que pierdas. No pienses en tu meta final, agobiándote porque todavía no estás ahí, pensando en lo mucho o poco que queda. Disfruta del proceso y de todos esos pequeños logros, que darán inevitablemente ese resultado final que tanto deseas.



Da tu primer paso con fe. No es necesario que veas toda la escalera, solo da tu primer paso.

Ahora ya sabes lo que tienes que hacer. Decídete y no caigas en la incómoda situación de estar preguntándote qué habría pasado si hubieras emprendido aquel camino, lamentándote porque has perdido el tiempo. Un tiempo valioso que ya no regresará.

Imagínate por un instante en esa situación. Sí, ya sé que tendría que estar tratando de motivarte, y ese pensamiento no es precisamente muy motivador, lo reconozco. Pero confía en mí. ¿Cuánto crees que puede llevarte conseguir tu objetivo? —A modo orientativo—. ¿Un año?, ¿cuatro?, ¿quizás más? Pues ahora imagínate dentro de ese tiempo —pongamos que cuatro años— sin haber dado ese primer paso, habiendo abandonado tu sueño porque lo veías muy lejano e inalcanzable. No lo tienes, pero sigues deseándolo. Piensas en ello constantemente. A menudo decides que aún podrías ponerte a ello pero, ha pasado tanto tiempo ¿verdad? Si hubieras empezado cuando lo pensaste la primera vez…

El tiempo ha pasado de todos modos, ¿lo comprendes ahora? Solo tenías que haber dado el primer paso, solo eso. Bueno, y los que vienen después, pero de eso ya hablaremos más adelante. Lo importante ahora es que abandones tu zona de confort, que escuches el pistoletazo de salida y ¡vayas a por tu sueño!



No llores mirando hacia atrás, mejor sonríe dando un paso al frente.









¿Qué ves al abrir la ventana?


¿Qué ves cada mañana al levantarte, cuándo abres la ventana de tu dormitorio?

¿Ves orden o ves caos?

Lo que veas o, mejor dicho, como te sientas al abrir la ventana, en ese momento, indica qué tipo de mentalidad tienes; remarca cuál es tu actitud ante la vida.

Te expondré un ejemplo, para que lo comprendas mejor. En la construcción, a menudo ocurre que si llueve intensamente no se puede trabajar, dependiendo de la tarea que estén llevando a cabo y de si están o no a cubierto. Imaginemos que la previsión del tiempo avisa de que va a llover el próximo día. A la mañana siguiente, finalmente no llueve, y luce el sol intensamente. En esa situación, habrá dos tipos de trabajadores:

·  Unos, al abrir la ventana de su dormitorio verán el sol y pensarán: “¡Oh! ¡Vaya! Pensé que hoy no iría a trabajar. El hombre del tiempo aseguró que llovería. Ya tenía planeado quedarme todo el día en casa sin hacer nada”. Lo ven todo negativo, su día ya no comienza bien para ellos. Les da igual incluso no cobrar ese día, ya que día no trabajado es día que no les pagan.

· En cambio, otros se levantarán temprano, abrirán su ventana, contemplarán el magnífico día que ha comenzado y pensarán: “¡Hace un día fantástico! Finalmente podremos trabajar hoy. Eso me vendrá muy bien, porque no me sobra el dinero, y hay que pagar las facturas. Además, será muy agradable trabajar hoy gozando de tan buen tiempo. Por la tarde podré ir a pasear con mi mujer y mis hijos, y aprovechar lo que queda de día. Sin duda, va a ser un día maravilloso”.

¿Ves la diferencia? Es exactamente el mismo día para los dos. Pero a uno le parece fatal y al otro perfecto. Esa manera de afrontar la vida es extrapolable a todo lo demás en tu día a día. La forma en que reacciones ante cualquier situación, incluyendo las adversidades, determinará, entre otras cosas, que seas feliz o no lo seas. El sentirte optimista te hace ver las cosas de otra manera. Eso te hará huir de la mediocridad y dejarás de autocompadecerte, o de culpar a todo y a todos de lo mal que te va en la vida.

Cuando estuve en el ejército, a menudo hacíamos marchas a pie, recorriendo largas y abruptas rutas por montaña. Todo ello formaba parte de nuestra instrucción. Teníamos un capitán que, literalmente, rezaba para que el día que salíamos a la montaña lloviera, relampagueara y, en resumen, hiciera el peor día posible. Él pensaba que si la finalidad de esas salidas era la de endurecernos, no tenía que parecer un paseo por el campo. Creía que cuánto más duro mejor. Y quería que estuviéramos lo mejor entrenados posible, y lo mejor adaptados a cualquier circunstancia.

No te equivoques. Él iba el primero de todos, en cabeza. No se trataba de un simple maltrato mientras el aguardaba en un despacho. Siempre decía (y en eso llevaba toda la razón) que si nos veíamos en la necesidad de entrar en combate, la guerra no se iba a detener a esperar a que dejara de llover, y había que estar preparado para lo peor.

Como imaginarás, dejando de lado momentos de “ardor guerrero”, la mayoría rezábamos precisamente para todo lo contrario. Esos días no queríamos ver la lluvia ni de lejos.

¿Cómo crees que era el estado de ánimo y la actitud de las diferentes personas el día que diluviaba? Había gente feliz y orgullosa, y gente cagándose en todo.
Pero ni una actitud ni otra iban a hacer que el día cambiara, así que, ¿por qué no tomárselo con entusiasmo de todas formas?

Todos encontramos, tarde o temprano, obstáculos en la vida. Para algunas personas, esos obstáculos significan retos y no problemas. Pero eso es otro tema del que hablaremos más adelante.


¿Y tú? ¿Qué ves al abrir la ventana?


Presentación



Hola a todos/as.

Arrancamos con este nuevo proyecto. Lo más sensato es comenzar presentándome y explicando, de manera breve, lo que vas a poder encontrar en este blog  a partir de ahora.

Mi nombre es Samuel. No soy ningún multimillonario solidario, con ansias de difundir a todo el mundo mi preciado secreto para lograr generar grandes flujos de dinero a diario. Tampoco voy a intentar venderte ningún sistema infalible para ello, ni cursos, libros, etc. 

Aquí no se vende humo. Pero ten en cuenta una cosa: que yo no te incite a comprar libros, convenciéndote de que es la única forma de lograr el éxito, no quiere decir que no vaya a recomendarte muchos de ellos. La lectura de buen material es un elemento clave en este camino. Yo he leído mucho y sigo haciéndolo. Lo mismo sucede con audiolibros y  demás opciones por el estilo, como cursos, conferencias... ¡Nútrete de todo ello tanto como puedas!

Entonces, ¿qué vas a poder encontrar en mi blog?

Pues reflexiones, consejos e información de un humilde servidor. No seré como Stveve Jobs o Richard Branson, pero créeme cuando te digo que he logrado mi pequeño éxito personal. Sin entrar en detalles privados, mi vida ha dado un cambio brutal, y no ha sido de la noche a la mañana, si no fruto de mucho esfuerzo, constancia, paciencia y ¿por qué no admitirlo? ¡muchos altibajos!

He pasado de no tener nada, ni a nivel material ni espiritual, a tener mi propio negocio y ser feliz con ello. Pasé de poner en riesgo mi vida una y otra vez, a ser un "adicto" al deporte, llegando a competir en carreras de media maratón (puede que tu participes en maratones e incluso en pruebas de Iron Man pero, para alguien a quien la mayoría de gente daba poca esperanza de vida, te aseguro que es todo un éxito). Y la cosa no se queda ahí. Aún no he llegado hasta donde quiero voy a llegar, pero cada día estoy más cerca. 

Puede que tú seas un gran hombre de negocios y pienses: "¿Qué puede aportarme esta persona a mí, que he llegado mucho más lejos que él?".

No pretendo ser ningún gurú del éxito, prometiendo el cielo. Evidentemente tampoco te voy a enseñar como he montado mi pequeño negocio, o como me preparo para una carrera. Tan solo quiero poner mi granito de arena para que, entre todos, razonemos y reflexionemos sobre aspectos que seguro que nos acercarán cada día más al éxito personal de cada uno. 

Además, si alguien sabe de superación personal, de cambiar radicalmente hábitos y de establecerse metas, te aseguro que ese soy yo. Y, habré sido pobre, pero ignorante no soy.

Hay que ser humilde y abrir la mente. 

Todo el mundo es mejor que yo en algo, y de ese algo aprendo yo.

No soy Napoleón Hill, ni Robert Kiyosaki, pero seguramente tengo cosas que mostrarte o, al menos, déjame motivarte. A menudo sucede que el que está por debajo te motiva más. Personalmente no me termina de gustar cuando alguien que ha llegado muy por delante mía en una carrera me dice: "Lo has hecho muy bien". Suena compasivo, como mostrando lástima. Lo mismo ocurre cuando alguien va mucho mejor que tú en los negocios, es como si te estuviera diciendo: "Muy bien, pero jamás me llegarás ni a la suela de los zapatos". En cambio, cuando alguien que ni siquiera compite en la carrera o, mejor aún, alguien que ha llegado justo detrás de ti, te dice: "Lo has hecho muy bien". ¡Guau! Eso mi inunda de optimismo. 

Así, pues, en mi blog encontrarás reflexiones, frases y consejos para, como mínimo, motivarte para lograr lo que te mereces.

Si te gustaría obtener contenido adicional, sígueme en la página que recién he creado en Facebook:



Ahí subiré frases y todo lo que añada a mi blog, pero además compartiré artículos, recomendaciones de blogs, de libros, y vídeos de los mejores (ellos sí lo son) en tema de coaching y desarrollo personal.

Espero que te guste y que estemos en contacto por aquí. 

Muchas gracias por tu atención. ¡Marchemos juntos hacia el éxito!

Samuel.